Hace poco lei unas declaraciones del guitarrista de The Who que se quejaba amargamente de como había perdido facultades auditivas y lanzaba un mensaje a todos los jovenes del mundo: ¡tened cuidado con el volumen de vuestro iPod o acabareis sordos!

(quizá esa no fue la frase exacta pero da igual)

Dejando a un lado que una vida de excesos y muchisimos conciertos hayan podido perjudicar más que el iPod, lo cierto es que al pobre chaval no le faltaban razones para advertir a la gente. Está claro que a todos nos gusta ir escuchando música por la calle sin ruidos externos pero eso es algo bastante dificil. ¿Es la solución subir el volumen al máximo? Desde luego que no. Numerosos estudios, y nuestro sentido comun (los que tengan), confirman que si nos ponemos cabezones con el tema sufriremos una perdida de audición, y lo peor es que esta no vendrá hasta los 40/50 años, cuando ya es demasiado tarde. Siempre te quedará comprarte un sonotone, pero para eso inviertes ahora el dinero en unos auriculares in-ear (de esos que se meten hasta el cerebro) que insonorizan sin tener que llevar un volumen destrozatimpanos.

Algo similar ocurre con la vista. Los viejos monitores envían unas radiaciones que riete tú de los primeros microondas. Si además el monitor es la única fuente de luz en la habitación, mal vamos.

Pero el verdadero problema es que delante de un ordenador aumentamos nuestra concentración de sobremanera. Esto hace que los musculos del ojo se tensen y parpadeemos con menos frecuencia de lo habitual. ¿Resultados? De cabeza a la Óptica.

La solución es sencilla aunque dificil de cumplir: apartar la vista de la pantalla cada 15 minutos, aproximadamente, y a poder ser posarla en un punto lejano. Como no todos tenemos una ventana a un prado de flores, basta con mirar a la estanteria de tu habitación. De esta forma relajamos los musculos del ojo por un breve periodo de tiempo antes de seguir perdiendo el tiempo navegando por internet.

La pena es que no solo podemos acabar como Hans Topo, los ordenadores también suponen un grave peligro para nuestras espaldas y muñecas si no cogemos la postura correcta.