Primer mes de Erasmus: Creta
Ayer conocí a un nuevo estudiante procedente de Suecia, había llegado el fin de semana y hasta el lunes no puedo hablar con nadie. Preguntándole que opinaba de Heraklion respondió con un escueto “Crap everywhere”, que viene a ser un “basura por todas partes”(por hacer la traducción mas políticamente correcta). Un fin de semana y ya lo ha pillado, los nórdicos son geniales.
Sí, es cierto, Iraklio apesta. Hay perros por todos los lados (creedme, no os lo podeis imaginar. Cuando un perro muere no va a al cielo, viene a Iraklio), el transporte público es un suicido lento y doloroso, hay zonas realmente descuidadas y los precios en ciertos lugares son prohibitivos (¡maldito turismo!). Sinceramente, no es un lugar donde uno pueda despertar su lado mas bohemio.
Con todo, me encanta vivir aquí, me empiezo a acostumbrar al carácter parsimonioso y amable de los griegos. Ya casi he hecho mía su frase σιγα σιγα (pronunciado “siga siga”, significa “poco a poco, sin prisa”). La comida es excelente y abundante, aunque no tanto como para poder borrar mi memoria.
Aunque duela admitirlo, todo mejora cuando nos vamos alejando de Iraklio, y los tres viajes que he hecho (Matála, Preveli, Chania-Elafonisi) no han hecho sino confirmarlo. La isla es increible, tiene unos lugares que apenas están explotados (en España ya habrían puesto 5 hoteles en linea de playa) y son, por muy cursi que suena, preciosos. En Elafonisi sujetaba mi cámara impotente porque por muchas fotos que hiciera (muchas, muchas más de las que subí a flickr) era incapaz de hacerle justicia a lo que veían mis ojos. Quizá tan solo sea un pobre diablo del centro de España que con un poco de agua se emociona… quien sabe.
No he vivido otros Erasmus, pero si alguien me pregunta si Creta merece la pena o no, a estas alturas respondería que sí.
Por estos días...
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