flog #2 Bósforo
El Bósforo es un enorme canal que le da a la ciudad turca de Estambul dos sabores: europeo y asiático. En cierta ocasión, un grupo de españoles paseaba por la zona europea mientras comentaban asombrados la cantidad de basura que arrastraba el agua. No solo la que pudieran generar los cientos de barcos, tanto turísticos como corporativos, que surcaban sus aguas diariamente, sino que además todos las residuos fecales de Estambul van a parar allí.
Llegaron a la conclusión de que si alguién se atrevía a zambullirse en un sitio donde defecan quince millones de personas, lo minimo que pasaría que que le saliera un nuevo ojo o empezara a manifestar poderes mutantes. Uno del grupo declaró que estaría dispuesto a tirarse a semejante canal si alguien le diese 60 euros. El resto podría haber ignorado la bravuconada, como tantas otras que habían escuchado del mismo personaje, pero empezaron a intercalar miradas entre ellos y el canal. A la ya mencionada suciedad, pequeñas medusas bailaban alegremente en la orilla, entre restos de comida y bebidas. Así que si no morías de una enfermedad contagiosa o una pulmonía, varias docenas de medusas te abrazarían cariñosamente hasta que te extasiara tanto amor.
Sí, podrían haber ignorado la fanfarronada número 317, pero pensaron que 60 euros es un precio más que aceptable para que un fantasma mojase la sabana en el Bósforo. Sacaron sus billeteras y, ante la inquietante mirada del espectro, empezaron a reunir la cantidad acordada entre euros y liras.
Ahora alguien tenía ante si 60 euros y el peso de sentirse esclavo de sus propias palabras, esas mismas pronunciadas apenas 2 minutos antes y que le obligaban a tirarse al agua. Miró nervioso al suelo, al canal, al suelo… buscando excusas que le permitieran escapar de esa situación a la que le había llevado su boca.
La mejor de las muchas excusas que se le ocurrieron para escabullirse por fin salió de su boca. Sin que el resto hubiera sacada una sola cámara de fotos o móvil, él se negó a tirarse si alguien grababa la hazaña. A pesar de que todavía no se habían equipado adecuadamente, ninguno de los que habían financiado el salto al canal estaba dispuesto a perder la oportunidad de grabar tal evento, pues la memoria es frágil, pero no así los discos duros. Aquel que antes fanfarroneaba ahora se negaba en redondo a saludar a las medusas de cerca, argumentando que algún día podría llegar a ser presidente de Telefónica de España, y no quería bajo ningún concepto que existiese un video así, capaz de hundirle. ¡Qué dirían los accionistas!
Habiendo encontrado una treta con la que evadirse, el muchacho jamás llego a contaminarse con las aguas del Bósforo. Habiendo probado la máxima sobre perros que ladran mucho, pero que muerden más bien poco, el resto disfrutó del atardecer en el Bósforo mientras recordaban la mirada de terror de su bravucón compañero, y con la certeza de que pasaría mucho tiempo antes de que volvieran a escucharle hablar sobre dinero y atrevimientos.
La veracidad de este relato queda en el aire.
Por estos días...
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Comentarios (2)
Amén hermano!













Lo que pasa es que ese tío es marica xD.
Muy bueno lo de “la memoria es frágil, pero no así los discos duros” en el día en que reciben el Nobel de Física los científicos que trabajan en este área.