Escuchaba Anarchy in the UK en un viaje de tren y recordé de golpe una historia que oí hace tiempo de Sid Vicious, el bajista de Sex Pistols. La historia tenía todos los números de ser más falsa que un duro de madera, pero jamás lo había comprobado.

Y de poco ha servido hacerlo, porque no hay ni una sola referencia en todo Internet, que ya es decir. Lo único para lo que me ha servido la busqueda es para recordar la historia de amor y destrucción entre Sid y Nancy. Puede que no sea la historia de amor más bonita del mundo, y vale que tambien puede ser que Nancy fuera la Yoko Ono de los Sex Pistols, pero me he estremecido al leer las palabras de Sid a un periodista, momentos después de jurar a la policia que Nancy ya tenía la puñalada en el costado cuando el se despertó, después de una noche de drogas. El tacto del periodista es de traca…

Entrevistador: ¿Te estás divirtiendo en este momento?
Vicious: ¿Estás bromeando? No, no me estoy divirtiendo para nada.
(pausa larga)
Entrevistador: ¿Dónde quisieras estar?
Vicious: Debajo de la tierra.
Entrevistador: ¿En serio?
Vicious: (apaciblemente y triste) Sí.

Acabó suicidándose.

Pero bueno, esa no es la historia que da título al post, eso viene ahora. Y seguramente sea falsa. Y seguramente la hayáis oido ya, con otros artistas. De hecho ni siquiera creo que sea cierta, pero no me quiero quedar sin contarla, por si acaso (y asi de paso me confirmais que es una leyenda urbana). Estómagos sensibles abstenerse.

Cuentan que los Sex Pistols estaban dando un concierto en un local, cuando Sid Vicious enganchó el micro para hablar después de una canción. Cogió un cubo que tenía al lado y dijo:

- El que haga la cosa mas asquerosa en este cubo se lleva mi bajo a casa.

Ni que decir que la gente empezó a hacer las cosas más desagradables que podáis imaginar sobre ese cubo: vomitar, defecar, rajarse… lo que fuera para conseguir el bajo. Después de un rato, el cubo volvió al escenario para que Sid lo examinase.

Y aquí llega la parte de “es una puta leyenda urbana, sin duda”. Sid echo un vistazo al cubo, agarró el mastil de su bajo, removió con este el contenido del cubo, lo alzo, le pegó un buen trago y luego añadió:

- Aquí el más asqueroso soy yo, asi que el bajo para mí.

No digáis que no he avisado.