If I was a sea gull, I would fly as far as I could! I would fly to far away places and sing for many people! If I wish to the Wind Fish, I wonder if my dream will come true…

Esto, en un principio, iba a ser un artículo sobre el Phantom Hourglass, pero todo cristo esta hablando de él, asi que para no inundar la blogocosa de más opiniones (por ahora), me lanzo a escribir sobre el Link’s Awakening, el primer y probablemente mejor Zelda portátil. Ahora el Phantom Hourglass desafia ese trono, asi que conviene hacer memoria, que algunos rapidamente destronan Ocarinas por Crepúsculos. No voy a hablaros de gráficos, de jugabilidad o de diseños de mazmorras, sino de sensaciones, pues Link’s Awakening es de los pocos que se prestan a esa consideración.

El texto está llenito de spoilers, los que no hayáis jugado no perdáis el tiempo leyéndolo e intentad conseguirlo. Y lo digo todo lo serio que se pueda decir algo así: si te gustan los juegos, este es uno de esos que debes jugar. Ahora, al grano.

Por contrario que suene, Link’s Awakening no fue dirigido por Miyamoto (este solo participó en calidad de productor, como hace ultimamente) sino por Takashi Tezuka, que tiene un curriculum impresionante a sus espaldas, es sorprendente que sea tan injustamente desconocido (parece, por cierto, que a Miyamoto se le atribuyen juegos como citas a Woody Allen, y en ocasiones son casos muy sangrantes, como Metroid). Como curiosidad, la mujer de Tezuka fue la que inspiró a Boo, el fantasma que vemos en muchos juegos de Mario.


¡¡Goomba!!.

Tezuka dirigió a grupos de programadores que, en su mayoria, nunca habían participado en la saga Zelda, y los que sí lo habían hecho tomaron roles totalmente distintos a anteriores participaciones. Este hecho (dejarle una de tus sagas más famosas a un grupo de programadores noveles) sería impensable ahora, y sin embargo creo que eso influyó en que esta entrega tuviera ese desenfado del que carecen muchos juegos hoy en día. Y no cabe duda de que acabó como un producto excelente.

Quizá lo mas destacable del juego, o al menos lo que lo hace un clásico imperecedero, sea su peculiar historia. Esta comienza, como todo buen Zelda que se precie de serlo, con Link despertándose en una cama. Esta vez la noche anterior había sido mas movidita de la cuenta, y es que su barco fue alcanzado por una tormenta y naufragó en la isla Koholint. Una chica llamada Marin lo encuentra en la playa y lo lleva a su casa a cuidarle.

Despues de recobrar el conocimiento, Link sale a dar una vuelta hasta que se encuentra con un buho que le dice que, si quieres restaurar la paz en Koholint y volver a casa, deberá despertar al Pez Volador. Como no podía ser tan fácil, deberá hacerlo tocando la Balada del Pez Volador con ocho instrumentos que están repartidos por Koholint, cada uno de ellos dentro de una mazmorra y custodiado por una de las Pesadillas del Pez Volador.

La parte dramática de la historia es que si despiertas al Pez Volador, la isla entera, con todos sus habitantes, desaparecerá, porque las Pesadillas en realidad no quieren destruir a sus habitantes ni sembrar el terror… simplemente quieren que la isla no desaparezca. Y es que al matar la ultima pesadilla (que muere con un “The island is going to dissappear… our world is going to dissapear… our world…”), despertamos al Pez Volador y la isla entera desaparece, con todos los habitantes que nos han hecho disfrutar a lo largo del juego, ya que todo Koholint solo era fruto de un sueño compartido entre Link y el Pez Volador.

Como ya digo, es verdaderamente dramático porque Link no salva a la isla de las Pesadillas que querían destruirla, sino que el mismo es el que la “destruye” al despertar al Pez. No hay un final feliz con Link vitoreado, sino que este acaba solo en el mar, sobre unos tablones de madera mientras le sobrevuela el Pez Volador.


Marin, una chica fácil.

La historia, aunque emotiva, no es ningún alarde de complejidad, pero yo al menos la tengo considerada como una de las mejores que he tenido la oportunidad de vivir por la facilidad con la que se adaptaba al desarrollo. Quiero decir, muchos juegos tienen historias mejores, pero se nota que no avanzan de forma natural con el juego y, lo que es peor, que a veces la historia fuerza al desarrollo de una manera que quiza no sería la ideal. El Link’s Awakening todo transcurre de forma natural.

La banda sonora está a la altura de la historia y nos regala algunas piezas realmente memorables. Os aconsejo encontrar el disco Hyrule Symphony, que aunque son en su mayoria canciones del Ocarina Of Time, trae bajo el brazo el tema orquestado de la Balada del Pez Volador que es sencillamente conmovedor. Escucharlo es llevarte de vuelta a Koholint, sentado en un tronco en la playa, mientras Marin te cuenta lo mucho que desea conocer lugares y cantar en todos ellos. Poquitos momentos hay así en el ocio electrónico.

La conclusión más esperanzadora sobre el juego, dentro de lo tristeza que lo envuelve, es que Link siempre tendrá a Koholint en su memoria. Quizá sea mucho suponer de los desarrolladores, pero me da una sensación de analogía con lo que sienten/sentimos muchos al acabar un juego, que nos sentimos como Link: sentados en los restos del barco en medio del mar, pensando si ha merecido la pena despertar.


Un lugar mejor