La Suspensión de incredulidad es una expresión para los momentos, en una obra de ficción, donde ocurre algo que desafía a los razonamientos lógicos pero que, sin embargo, nosotros obviamos conscientemente por el bien de la diversión y el desarrollo de la obra.

Es decir, podemos sumergirnos tanto en una película que asumiremos como reales muchos detalles que en otra ocasión nos parecerían inverosímiles, como que Superman se disfrace de Clark kent con un simple par de gafas, que Arnold Schwarzenegger sea el presidente de los EEUU o que Jack Bauer pueda ser capturado. Aunque casos como este último son extremos y tensan mucho la cuerda de la incredulidad, pero todo sea, como ya he dicho, para pasar un buen rato.

Por otro lado, es innegable que esta supensión de incredulidad repercute de sobremanera en nuestro juicio sobre una determinada obra, bien por la propia credulidad de cada uno (yo personalmente me creo practicamente todo), o bien por las propias expectativas que se tengan sobre ese determinado producto. Y es que no deja de ser curioso que haya personas no tienen problemas en creer que un brazo implantado en una persona pueda hacer que esta sea dominada por la conciencia del brazo, pero por otro lado les parece exagerado que una persona desvíe un misil pisándolo después de dar una voltereta hacia atrás.

Caprichos de la suspensión de incredulidad, vaya.