Con las cartas Magic pasa algo curioso: estoy seguro de que me encantarían, pero no me atrevo a acercarme a ellas por falta de tiempo y, sobre todo a la larga, dinero. Con los juegos online del estilo OGame pasaba tres cuartos de lo mismo: sabía que podrían gustarme mucho, pero el miedo a engancharme evitaba inconscientemente que comenzase a jugar a alguno. El otro día me descubrieron Shogun’s Fate, lo probé por curiosidad y… en fin, odio conocerme tan bien.

Mejorando la breve descripción del otro día, Shogun’s Fate nos pone en la piel de un señor del Japón medieval. Como ese señor, debes controlar todos los recursos que dispone tu aldea, desde construir casas que atraigan a nuevos aldeanos hasta controlar la recolección de comida para que estos no se mueran de hambre.

Lo bueno de todo es que, a pesar de contar con innumerables opciones y posibilidades estratégicas, el juego comienza desde lo más básico para que el jugador se adapte fácilmente al sistema de juego, dejando la mayoría de opciones bloqueadas para esperar a que el jugador obtenga la experiencia necesaria. Es sorprendente como al principio no sabes ni cómo mandar a cuatro fulanos a coger madera y a los pocos días estás formando un ejercito sin apenas darte cuenta del cambio. Muchos de mis temores con este tipo de juegos es que la curva de aprendizaje iba a ser demasiado empinada; desde luego, aquí no.


Cada monigote representa un 5% de tu población y puedes distribuirlos como quieras.

El juego, a decir verdad, engancha bastante. La gran culpa de esto es, por un lado, que todo ocurra en tiempo real y, por otro, que estés compitiendo, o colaborando, con otras personas a la vez. Lo primero pudiera parecer una tontería, pero saber que dentro de 2 horas terminará la construcción de la Cuadra, con la que podrás empezar a formar Jinetes para tu ejército, te mantiene alerta para seguir haciendo cosas con tu, cada vez menos, pequeña aldea. Ojo, esto no significa que tengas que estar siempre pendiente. De hecho puedes estar sin jugar largos periodos de tiempo sin que tus habitantes te echen de menos. Pero claro, normalmente no vas a permitir que eso ocurra.

Lo segundo es genial por definición: “mira, tu me dejas que me haga tu señor y así te cobraré menos impuestos que el actual, pero luego no me ataques que estaré débil por la batalla, ¿vale?”. Comprobar la fragilidad de las alianzas humanas en tiempo real es un momento que no tiene precio (de hecho por eso me encanta el Munchkin). Tener unas alianzas fuertes y conquistar el mundo juntos también está bastante bien, aunque te ríes menos ;)


Romper una amistad está a tan solo un click de distancia.

En definitiva, y para no dar mas rodeos: que estoy terriblemente enganchado, que no debería porque tengo un millón de cosas que hacer, pero que ya que estoy a ver si me llevo a unos cuantos conmigo. Así que si os ha picado la curiosidad, buscadme por eltercero en el juego y ya consideraremos alguna de esas delicadas alianzas ;)