Quería ser un héroe. Quería ser el centro de atención. Quería la gloria, quería la fama. Quería que las chicas guapas se acercasen a mí y me dijesen “Hola, he visto que eres bueno al Centipede“.

Walter Day, arbitro profesional de videojuegos

Puede que la rivalidad entre dos jugadores de una recreativa de hace 27 años no parezca, a priori, una historia lo suficientemente atractiva para hacer un documental sobre el tema, o al menos no para los que no les interesen los videojuegos, pero lo cierto es que The King Of Kong es todo un descubrimiento: amena, divertida y sorprendentemente interesante. Bien es cierto que yo sí soy aficionado a los videojuegos, pero veo difícil que el 97% de la crítica estadounidense que ha opinado favorablemente sobre la película también lo sea. Y eso no es nada fácil.

Abandonando un poco la tónica demagoga, y un poco egocéntrica, de otros documentales como Fahrenheit 9/11 o Super Size Me, Seth Gordon narra magistralmente (y sin aparecer por delante de la cámara) los hechos desde que Billy Mitchell establece la máxima puntuación de la recreativa de Donkey Kong en 1982 y lo que acontece después de que Steve Wiebe consiga batirlo casi 20 años más tarde.

El documental es además una mirada privilegiada al mundo de los jugadores profesionales de recreativas clásicas, algunos unos auténticos personajes de museo que cumplen con escalofriante exactitud el clásico estereotipo de friki de los videojuegos. No obstante, es increíble la desbordante pasión de todos ellos con las recreativas clásicas, señora de 80 años incluidas.

Si tuviera que criticar algo sería la clara imparcialidad de la dirección al mostrarnos a los dos jugadores. Vale que Billy Mitchell tiene un ego similar al de muchos bloggers, que algunos discursos suyos tenían bastante tela (el juego competitivo, cuando quieres atar tu nombre a un record mundial, cuando quieres tu nombre escrito en la historia, ¡tienes que pagar el precio!), ¡e incluso habla de sí mismo en tercera persona! pero el montaje de uno y de otro es claramente imparcial. Y sinceramente no creo que hiciese falta porque Mitchell se retrata él solo.

La película no ha sido distribuida en España, pero Internet funciona estupendamente para estos temas y hay ciertos recursos que te permiten verla perfectamente ;)