Estos son todos los relatos participantes. Al final ha habido una gran respuesta, ¡muchas gracias a todos los que habéis participado!. Estoy en un estado de felicidad tal que daría un sprite a cada uno, pero eso sería mancillar la base competitiva del concurso y no creo que estuvierais de acuerdo, así que vamos a elegir a los ganadores ;)

Como sabéis, hay seis sprites para sortear entre todos los participantes. Tres de ellos se elegirán mediante jurado y los otros tres se elegirán con los votos de todos los participantes al concurso.

Es decir, si me has enviado algún relato estos días, ahora tendrás que enviarme un email a la dirección de siempre (victorARROBAelterceroPUNTOnet) con los cinco relatos que más te han gustado, ordenándolos de 1 a 5 puntos. La fecha límite para enviar los votos es el 27 de Junio. Si habéis participado en el concurso, es obligatorio que votéis ahora. Si no votáis a cinco relatos no se contarán los votos que reciban el/los vuestro/s.

El día 30 se publicarán los ganadores, tanto los de los votos como los elegidos por el jurado ;)

A continuación tenéis los relatos en riguroso orden de llegada y con un numero identificativo.

¡Suerte a todos!

1.

Había sido tres años difíciles, pero él creía que el solo hecho de volver a verla recompensaría aquella espera. Era mediodía y el aeropuerto hervía de gente andando hacía arriba y abajo. Se preguntaba cuantas coincidencias habría entre toda esa gente. Quizá haya personas que sin saberlo, se cruzan en un aeropuerto, y años después acaban vestidos de novios en medio de un ritual que daba más miedo que otra cosa. Se sentía absorto, igual que de pequeño cuando se pasaba horas viendo el bullicio de un hormiguero… aunque esta vez no pensaba mearse encima del aeropuerto.

“Le informamos de que el vuelo **** procedente de Londres viene con un retraso aproximado de veinticinco minutos”, anunció una voz femenina por los altavoces. “Lo que faltaba”, pensó nuestro amigo, y empezó a devorar las pocas uñas que le quedaban. Estaba deseando volver a verla, y, aunque las tecnologías últimamente permiten ver a la gente por lejos que esté, aun la recordaba como el día en el que se despidió de ella. Sus ojos verdes, su melena rubia y su piel de mármol, como una lolita, como una petite coquette, que atrapaba a todo el que tuviese valor de enamorarse de ella. Su sonrisa era angelical, y su voz de una dulzura sin parangón… pero no sabía si tres años habrían cambiado en ella. “Ya veremos”.

“Le informamos que el vuelo **** acaba de efectuar su aterrizaje”. El corazón le dio un vuelco. Miles de dudas asaltaban su cabeza: como tratarla, darle un beso o abrazarla, decirle que estaba más delgada (aunque fuese mentira) o no comentar nada… esta vez sus preocupaciones se multiplicaban por veinte. No quería quedar mal con ella, había sido mucho tiempo sin verla y no quería pifiarla en este reencuentro tan especial. “Me dejaré llevar… lo que pida la situación”. Sabía que los reencuentros felices y emotivos de las películas solo ocurrían ahí, en las películas y… la gente empezó a salir por la puerta de llegada. El corazón le latía a mil por hora. Después de que hubiese salido bastante gente, la vio. Estaba como siempre, guapa y radiante. Ella se dio cuenta de su presencia y corrió hacia el. Se fundieron en una abrazo y ella le dio un beso en la mejilla.

- ¡Cuanto te he echado de menos papá! ¡Vámonos a casa!

Fuera empezaba a llover sobre Madrid

2.

Habían sido tres años difíciles, el Tercer Reich vivía sus últimos momentos, Eva Braun se acababa de suicidar y Hitler se encontraba sentado en el borde del escalón en la parte trasera del bunquer con el suboficial Matrausen observando esa pastilla que se debería haber tomado al mismo tiempo que Eva.

- Ya oigo a los rojos… – Lamenta Matrausen.
- … – calló Hitler.
- Se acabó, ya no queda nada que hacer.
- No, aun tenemos salida. – Comentó Hitler exaltado.

Hitler dispara en la cara del suboficial, viste al suboficial con su ropa y quema su cuerpo. Se dirige a una casa cercana para registrar en el armario de la primera habitación de la casa, en el armario sólo encontró ropa de mujer y algunos pañuelos.

Los soldados del ejército rojo y algunos americanos entran por la puerta de la casa para efectuar el segundo registro, en ella sólo encuentran a una superviviente, una mujer que a pesar de su aspecto malogrado y su espeluznante figura parecía esconder un dulce rostro moreno tras su pañuelo.

Los soldados recogieron a la superviviente y se fueron en el camión de vuelta a Los Estados Unidos de América. Durante el largo camino la señorita del extraño bigote comenzó a insinuarse a los soldados que no dudaron en poner Ca Plane Pour Moi de Plastic Bertrand en la radio y tirársela por turnos. “Ella” no paraba de decir

- oooh quiero vuestros grandes Garand en boca y en culo pero no en ese otro sitio.
- ¿En la nariz? – Se sorprende un soldado mientras le sodomiza por la nariz.
- ¡No! No quiero en avispero.

Tras cinco días escuchando Plastic Bertrand sólo el soldado Magumba, un negro superdotado, escuchaba las historias fantásticas de la misteriosa señorita. Ella le contaba que quería ir al desierto de Mojave, al sur de California, para recoger su nave espacial y así poder escapar de la tierra para fundar su imperio espacial custodiado por un ejército de Wombats voladores.

Cuando llegaron al desierto de Mojave la señorita desenterró la nave espacial y mientras subía se quitó el pañuelo y desveló su verdadera identidad ¡era Hitler! el enemigo de la humanidad.

Magumba rompió a llorar y los soldados subieron al camión sin mirarse a la cara.

Hitler era un feliz contenedor de semen viajando a 2000Km/h por el espacio rumbo a su planeta Froantotg, hasta que la tragedia se cernió sobre él, un meteorito impactó contra la nave del Führer.

La mezcla de los ácidos grjumeicos y el semen que habitaba en el interior de Hitler provocaron que todos los microorganismos del meteorito se convirtieran en zombies nazis que cayeron sobre la jungla de Orthjun en el planeta Tierra.

3.

Habían sido tres años difíciles… o al menos tres años terrestres, porque cuando estás lejos de los tuyos, el tiempo fluye de otra manera. A menudo nos preguntamos cuál fue la razón para apuntarnos al programa de búsqueda de vida fuera de nuestra galaxia, ya que después de atravesar varios agujeros de gusano y tras analizar cientos de planetas similares al que un día fue el nuestro, se va perdiendo la esperanza. Ni siquiera en lugares con grandes cantidades de agua, o con unas condiciones climáticas parecidas a las que tuvo nuestra amada Tierra, hemos encontrado algo parecido a una bacteria. Está claro que nuestro planeta fue un tesoro muy especial que no supimos cuidar…

Diez años han pasado ya. Nuestra galaxia ha quedado ya muy atrás, y el recuerdo de nuestras familias parece algo muy lejano. La ilusión de encontrar otras formas de vida se va desvaneciendo, por no decir que nos parece algo totalmente utópico ya. Maldita sea, nuestros corazones necesitan creer que no estamos solos en el universo.

Una docena de años a bordo de esta nave. Nos habríamos vuelto locos si no hubiese sido por Adán. Así es como llamamos al organismo que recogimos en aquel extraño planeta hace unas semanas. Y es que Adán es especial, ya que no se parece a nada que los humanos hayan visto jamás. Sabemos que está vivo porque ha crecido, y parece que está a punto de reproducirse, pero siempre nos ha extrañado que no hubiese ni rastro de otros seres parecidos en el resto de ese planeta. Es como si alguien lo hubiese dejado allí para que lo encontrásemos…

Adán ya lleva casi un año entre nosotros, y cada día estamos más perplejos. Todavía no sabemos muy bien de qué se alimenta, y cómo se comunica con sus pequeñas copias. Nuestros análisis no encuentran nada parecido a células en su estructura interna, pero no se puede negar que está vivo.

La nave todavía se encuentra en situación de alerta roja. Hace un par de días saltó la alarma cuando el contenedor de seguridad que contenía a Adán estalló en mil pedazos, y a las pocas horas comenzaron a desparecer algunos de mis compañeros. ¿Es un castigo por haber cogido a Adán sin permiso? El caso es que poco importa ya, porque cada vez tengo más ganas de que acabe todo esto. Como siempre, nuestra arrogancia ha sido nuestra perdición…

4.

Habían sido tres años difíciles para mí, pero en ese momento no me daba cuenta de donde me estaba metiendo. Conocí a esa joven, Lara, una gran coleta, morena, shorts y una mirada que me dejaba pasmado; no tenía mucha relación con mujeres pero sabía que era amor a primera vista. Caminaba por una de las calles del centro de Madrid y allí estaba ella, una pose angelical, mirándome, pidiéndome a gritos que nos escapásemos juntos a mi apartamento, pero de la manera silenciosa que sólo el amor a primera vista puede hacer. El primer día me quedé ahí, mientras lo minutos pasaban y no podía apartar mi mirada, pero no me atreví. Volví a casa, entré en mi cuarto y ninguna de las novelas que allí tenía me hicieron sumergirme en su interior, cada vez que lo intentaba sus ojos me volvían a atravesar dulcemente, haciendo que la inquietud fuera parte de mi insomnio en las siguientes semanas. Intenté hacer mi vida normal, volví al trabajo al día siguiente y antes de entrar en la oficina decidí pasarme por el quiosco que hay justo al lado, cómo no para comprar el periódico. Allí estaba ella, portada de revista, a toda página. Temblé, dudé, pero finalmente decidí hacerme con un número para saber algo más de ella. Nació el 14 de febrero de 1968 en Wimbledon, Londres, Reino Unido y su educación había pasado por un Tutor Privado un Instituto para Señoritas un Internado y una escuela privada suiza; por no hablar de sus aficiones a los deportes extremos. Solté un wow antes de darme cuenta que había vuelto a fantasear con ella, habían pasado 10 minutos y no me había movido del sitio. La tarde después de trabajar decidí que tenía que ser mía, había espacio suficiente en mi casa para los dos y sabía que duraría. Dos días después ya lo había planeado todo, la hora, cómo acercarme y qué hacer, estaba muy cerca de conseguirlo. Cuando anocheció opté por el traje negro que me había comprado, salí a la calle y me fui derecho al mismo lugar que la vi, sabía que allí estaría. No tarde ni 10 minutos en acercarme, el corazón bombeaba con mucha fuerza, pero no fallaría. Una hora más tarde la sonrisa poblaba mi rostro, era feliz y lo había conseguido, estábamos juntos, en frente de mi cama el rostro de Lara Croft me miraba como ya lo hizo una vez, su póster me costó un par de piedras y un escaparate roto, pero mereció la pena, era 1996 y sabía que sería una estrella de los videojuegos.

5.

Habían sido tres años difíciles, pero ahora, con el cambio de perspectiva que descubre la edad, considero que no fueron en balde, más aún, diría que fueron imprescindibles para forjar el mármol de mi escepticismo social y mi desprecio generalizado. En esos tres años aprendí que las drogas no son tan diabólicas como las pintan, que los verdaderos demonios son ellos, que predican la fatalidad de la cocaína mientras te venden los gramos por la espalda. En la cárcel a nadie le faltaba su dosis, y no porque fuese fácil que te la trajesen, sino porque los funcionarios de prisiones estaban alerta para que no te faltase “de nada”. La mafia de narcotráfico que existía en aquella cárcel asturiana era digna de estudio, milimétricamente jerarquizada y poderosamente protegida. Sabían que más de la mitad de los reclusos dependían de su fármaco y que darían lo que fuese por un chute. Y ellos “arrimaron el ascua a su sardina”, como se suele decir.

Hasta que conseguí sacar a la luz los trapicheos internos gracias a la colaboración de mi primo Sandro, policía nacional de Avilés. El eco en los medios de comunicación retronó en todo el mundo. El juicio fue maratoniano y la sentencia muy severa con la plantilla completa de la prisión, aunque no pude asistir porque me trasladaron a otra cárcel por motivos de seguridad; para que no acabasen conmigo, vamos.

La mayoría de los funcionarios se encuentran ahora en mi misma situación, encarcelados y solos, con la diferencia de que ellos habían sido personas respetables hasta entonces y yo no había tenido una oportunidad en toda mi vida. Ahora nos pinchamos juntos y evaporamos nuestras penas en inconsciencia. Ellos compran cocaína como antes la vendían. No sé si el cambio los ha hecho más felices, pero al menos han conocido las dos caras de la moneda.

6.

Habían sido tres años difíciles, pero no le preocupó el tiempo de sufrimiento cuando vislumbró cerca el final del sacrificio; como el alpinista que, tras días de esforzada ascensión a una cumbre, goza de la perspectiva de la cima olvidando los malos momentos de escalada. Los tres años de duro entrenamiento en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid debían madurar y dar como fruto la ansiada medalla olímpica con la que soñaba desde su ingreso en la Residencia Joaquín Blume en septiembre del año 2005, precisamente el mismo mes de su nacionalización como español. Nacido en La Habana, vino a España con la intención de disponer de los medios idóneos para alcanzar su objetivo de lograr la medalla de oro en los Juegos Olímpicos. Las marcas conseguidas habían sido buenas; consiguió la mínima olímpica en el campeonato de España con un registro récord y en el Mitin de Lisboa se supero a sí mismo logrando una de las mejores marcas mundiales del año. Sabía que sus rivales ya lo tenían en cuenta; no es que lo temiesen, todavía era una joven promesa, pero lo seguían de cerca porque su progresión estaba siendo óptima.

Llegó el momento de la verdad. El Estadio Nacional de Pekín estaba casi lleno. Las rondas clasificatorias habían sido muy complicadas pero, con la pizca de suerte que regala el sacrificio, logró alcanzar la deseada final. Se agachó, colocó las manos sobre la línea blanca de la pista, dio una coz al aire con cada pierna, clavó con energía las zapatillas sobre los tacos de salida, respiró profundamente mientras acomodaba milimétricamente el pulgar y el índice de cada mano detrás de la línea de salida. Inspiración. Expiración. Liberó su mente de pensamientos, para que fuese más ligera. Inspiración. Expiración. Se concentró en liberar su mente también de conocimientos; a esa altura de la competición de nada servían las estrategias, las clases para mejorar la técnica de la zancada o el análisis minucioso de los competidores. Inspiración. Expiración. Se abstrajo del mundo sensorial, no oía el rugido del público en el “nido del pájaro” pekinés, no sentía frío ni calor, esperaba la percepción del disparo de salida en mitad del vacío sensorial. Inspiración. Expiración. Se concentró en desterrar los pesados sentimientos para los trascendentales diez segundos siguientes. Inspiración. Expiración.

On your marks!
Get set!
Ready!
Go!

El juez de salida era cubano, afín al régimen, y había conseguido introducir en el estadio una pistola no oficial cuyo disparo no descargaba una pequeña carga de pólvora de fogueo sino una mortal bala de ocho milímetros.

7.

Habían sido tres años difíciles embutido en una relación sentimental que resumió en forma de parábola cuando la tormenta del divorcio remitió:

“Una tarde muy remota, cuando escocía el sol de junio en las nucas de los constructores, allá por la época en la que los césares eran todopoderosos, en una planicie de una esplendorosa urbe italiana, andrajosos y sucios, Aurelio y Antonino eran dos más de los esclavos encargados de poner en pie una megalómana construcción, una magna obra para disfrute de la plebe ansiosa de gladiadores, leones y cuadrigas. Aurelio andaba los últimos días muy preocupado, no porque lo explotasen, ni porque no tuviese libertad, ni por los peligros del desprendimiento de piedras (un compañero suyo había muerto tres días antes porque le cayó una piedra mal colocada en la estructura). Si estaba cabizbajo no era por la herida infectada con ese aspecto tan desagradable que tenía en la pantorrilla, ni por no saber leer, eso era lo de menos. Y no le afligía que le contasen extrañas historias acerca de religiones que aseguraban que en un futuro se reencarnaría en un sapo, en un personaje secundario o en un curandero de prestigio. Aurelio estaba inquieto por su mujer. La puta se cepillaba al prestamista, pero no para que no le cobrase los intereses, sino por gusto.

Cuando terminó la jornada, Antonino se fue pensando que tenía hambre.”

8.

Habían sido tres años difíciles. Aquí en el pueblo, la gente suele ser práctica, prefiere mirar hacia otro lado para poder seguir viviendo con tranquilidad, aunque sea aparente. Por eso intentaron negar la evidencia, pretendiendo seguir la rutina de su vida como si nada hubiera sucedido. Incluso yo, el mismísimo Dampé, que me vanaglorio de tener los pies en el suelo (no en vano soy el enterrador de Kakariko), quise mirar hacia otro lado. Pero la realidad era otra, el mundo tal y como conocíamos había cambiado, por Nayru que ya nada volvería a ser lo mismo.

Todo empezó una mañana de otoño en la que, los gallos no avisaron del nuevo día. El Sol se levantó por el Este, pero no como acostumbraba, le acompañaban malos augurios provenientes desde el mismo corazón del desierto, donde esa raza de bandidas, los Gerudo. Cuenta la leyenda que solo un hombre nace en ese valle cada 100 años, y se convierte en líder de su raza.

Más o menos tres años más tarde llegaron noticias desde la ciudadela, el líder de los bandidas había secuestrado a la heredera al trono en su intento por conseguir el poder sagrado que Din, Farore y Nayru otorgaron al reino de Hyrule, dividido en tres, poder, sabiduría y valor. Pero afortunadamente solo pudo conseguir la parte del poder sin un corazón limpio y un alma noble era imposible apoderarse del resto.

En aquella época años, un niño, armado con un escudo de madera y una espada de hierro, entro en el pueblo y trajo de nuevo la brisa de la esperanza. Estábamos desesperados, pero aún así aún no estábamos tan locos para pensar que las diosas nos habían enviado a un niño en respuesta a nuestras plegarias. Ese niño desapareció sin dejar rastro, pero exactamente 7 años después toda duda se disipó. Ese niño volvió convertido en un hombre, con una ocarina en la cintura capaz de invocar al viento y viajar a través del tiempo. Y así logró sepultar al villano y traer de nuevo la paz al reino.

Han pasado muchos años, aquel joven valiente, cuyo corazón vestía el viento verde de la pradera, ya no está, se fue a tierras lejanas para no regresar jamás. Pero no así el mal, que ha resurgido y ya no tenemos a nadie que nos proteja. Ojala nuestras plegarias sean oídas…Volverá el héroe del tiempo?

9.

Habían sido tres años difíciles. Y es que por más que intentara ocultarlo, no lo había superado. Era imposible: todas las noches, al guardar la bici en el garaje, él veía sus cosas tiradas por allí. Nunca se había atrevido a alterar el desorden que siempre la acompañó en vida. Lo mejor hubiera sido que una vez pasado el trágico accidente y el duelo, él se hubiese decidido a meterlo todo en una caja: guardar las cosas de ella junto con sus sentimientos en un triste contenedor de cartón corrugado e intentar superarlo. Estas cosas pasan, la vida es una mierda, no somos nada, siempre te quedarán los buenos momentos… cualquiera que ha perdido a alguien querido sabe ya de qué va el rollo.

Ver sus cosas esparcidas por ahí siempre le traía el recuerdo de los buenos momentos: los paseos, las risas, los domingos tirados en el sofá, las tardes de aquél verano en el que en el curro le dieron media jornada y podían ir a pasear todos los días a la playa. Incluso se rió recordando como ella no pudo aguantarse aquella tarde de Agosto y se metió en el agua para hacer lo que no se podía hacer a la vista de los ojos del resto de bañistas. Definitivamente habían compartido mucho.

Mientras pensaba en todo esto y recorría con su mirada todos sus bártulos, observó que había algo que se le había escapado. Debajo de una de las estanterías asomaba el mango de un cepillo. Alargó la mano y ahí estaba. Su cepillo. ¿Cómo habría llegado allí? Y una maraña de pelos en él. Quizás en otro siglo la clonación hubiese podido vencer a los accidentes de tráfico, pero aunque hubiese existido la posibilidad, no lo habría hecho. Sin embargo, el recordar como todas las noches, antes de acostarse, le cepillaba el pelo le hizo darse cuenta de algo. Era el momento de buscar un nuevo perro.

10.

Habían sido tres años difíciles desde que encontré aquella nota tirada en un banco de Madrid. Decía: 219 Baker St. June’08, Come Alone. Por fin había conseguido llegar a aquella casa. Llame y la puerta cedió unos centímetros. Abrí de par en par y un fuerte olor a humedad y a cerrado inundo mis pulmones. Entré y el suelo crujió bajo mis pies. Me sequé el sudor. Hacía semanas que no paraba de llover en Londres y tenía que ser precisamente hoy el día más caluroso del año. Era evidente que entre toda aquella oscuridad nadie sería capaz de encontrar un interruptor de la luz, salvo alguien que ya hubiera estado en aquella casa. Pulsé un interruptor, pero la luz no se encendió, un fuerte zumbido seguido de un chispazo. Aquella casa era mi propia casa y mis recuerdos estaban ocultos en algún lugar de mi mente. Decidí subir por las escaleras de caracol. El primer escalón parecía seguro, así que me envalentoné y seguí subiendo al pisar el cuarto escalón, una puerta de cerró de golpe en el piso de arriba, me paré en seco. Había alguien más en la casa. En ese momento sentí un enorme impulso de salir de ahí cagando leches. “Me voy”. Al bajar un par de escalones pude oír como una puerta se abría y pude ver entre los barrotes del pasamanos a un niño que corría a toda velocidad hacía otra habitación y cerraba tras de si. Reía. Una voz ronca pronuncio mi nombre. “David”. Como hechizado por aquella voz subí al primer piso y me dirigí a aquella extraña habitación. Abrí la puerta y vi una sala de juegos. Aquel niño extrañamente familiar jugaba con un tren de madera en el suelo ajeno a mí, mientras un anciano me observaba desde una mecedora.

- Hola, David.
-¿Que… que es todo esto?, ¿Como sabes tú mi nombre?
- Todo a su tiempo, ¿quieres jugar? El lleva mucho tiempo esperando jugar contigo.

Sonreí. No era suficiente juego todo esto ya.

- Alex, Saluda a papa.

El niño me miró, sonrió y vino a abrazarme.

- Tenía muchas ganas de verte, Papa.
- Pero… tiene que ser una broma.- dije, atónito.
- Algunas cosas no tienen más explicación que la que tú mismo hallarás con el tiempo.

No entendía nada, pero aquel anciano parecía saber de lo que hablaba.

- Gracias. Pero, ¿tú quien eres?
- Yo soy tu bisnieto.

Al volver a mirar el anciano ya no estaba… había cumplido su misión.

11.

Habían sido tres años difíciles. Verdaderamente difíciles.

Tras una barbaridad de trabajo, muchas horas y pocas gratificaciones, ya fueran psicológicas, en papel moneda, y, mucho menos físicas, había conseguido convertirme en el superpoderoso, el imponente, el omnipresente… el informático, vamos…

Desgraciadamente para mi.

En esta empresa ficticia (no daré nombres porque no soy comercial, soy informático y lo digo en voz baja, que conste, que sino me pediréis que os configure el router en casa para usar el emule para poder bajar pelis), mis compañeros (qué majos ellos) seguían preguntándome como pasar archivos de Photoshop a Excel, cómo configurar la red inalámbrica del puesto de trabajo que acababan de desconfigurar porque no había Interné para leer el Marca (los buenos leen el Marca y el As para comparar la información), como pasar a PDF cualquier cosa (sí, a PDF), cuántas veces hay que comprimir con Winzip esa discografía que tanto les gusta para poderla enviar por email, cómo pasar un archivo de imagen de CD (.cue por ejemplo) a formato Wav para poderlo pasar a formato MP3 luego y poderlo grabar en audio con el Nero, la posibilidad de conectar un pendrive a un adaptador PS2 porque ya no tienen puertos USB libres…

Ay, ese gran desconocido. El pobrecicus informáticus silvestres, ese ejemplar que campa por la Iberia más salvaje, con esa mirada que delata su estado de alerta, intentando camuflarse en las alturas de la maleza que conforma este bello paisaje repleto de pantallas planas y Microsofes Offices.

Ahí lo vemos ejecutando la llamada de alerta en su hábitat natural, la conexión a Interné. Intentando pasar desapercibido, esperando que finalice este día y poder volver a su madriguera, y mantenerse momentáneamente a salvo de la jungla que supone exponerse a esa caza por la tecnología que fallidamente el despechado usuario practica a diario.

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Esto es una historia ficticia, nadie ha sufrido daños salvo yo a nivel cerebral, pero sólo a ese nivel, no os preocupéis que todavía puedo permitirme hacer tareas simples. Las coincidencias que puedan surgir con respecto a la realidad, son sólo eso, coincidencias.

Por suerte o desgracia, y por el momento, adoro mi trabajo y esta historia se la dedico a los puñeteros de mis compañeros.

Pensé en escribir algo relacionado con la película de trescientos, pero con cuatrocientas mujeres. Lo descarté. Demasiado friki.

Muerte a Flanders.
Y con esto creo que van las cuatrocientas palabras.

12.

Habían sido tres años difíciles y su madre parecía ser la única persona en el mundo que animaba a Mónica a lograr su sueño.

“Si hija, toma dinero para tus clases”

Solía decir su madre siempre que Mónica le pedía permiso para ir a no se qué parte del país a hacer un curso en las últimas técnicas artísticas.

Mónica tenía especial interés en las nuevas técnicas artísticas porque todas las antiguas y presentes no se le daban nada bien. Mónica no tenía estilo propio, le decían que era mala sus amigos y hasta sus pretendientes que más la querían, todos sabían que Mónica no dibujaba bien, que no tenía estilo propio y que difícilmente llegaría a algo en el mundo del arte.

Pero Mónica no perdía la esperanza, ella sabía que de alguna manera algún día lograría encontrar su estilo, que no importa que en los diez años que llevaba deambulando entre escuelas de arte y profesores particulares no hubiera logrado a penas nada, ella tenía el interés suficiente como para lograr lo que se propusiera.

En uno de sus descansos, durante una exposición en Barcelona conoció a Frank Turmalina, el cual se encontraba a finales de su año sabático y buscaba una modelo en la que basar su próxima obra. Turmalina la invitó a viajar con ella a Irlanda.

Turmalina tenía poco dinero ahorrado y no podía mantener a Mónica.

“Ya llegarán los beneficios, mientras conozco a unos amigos que pueden darte trabajo”

Convencieron a Mónica para trabajar de stripper en un club a las afueras de Lisburn. Eran pocas horas, nadie la conocía por esas tierras y encima pagaban bien.

Algunas noches Turmalina la visitaba en el club para inspirarse para dibujarla al día siguiente. Cuando Mónica terminaba de bailar Turmalina se iba a alguna de las habitaciones a hacerle una visita a alguna de las muchas prostitutas que regentaban el club.

Este no era el sueño de Mónica y está muy lejos del camino para conseguirlo, más incluso que cuando trabajó de niñera.

Mónica no podía más, llevaba días sin dormir y el cansancio le estaba ganando la batalla. Esto influía en los cuadros de Turmalina, que cada vez le presionaba más para que ella fingiera estar alegre. El cansancio le estaba ganando la batalla.

Turmalina la obligó a beber durante todo el día para arancarle una sonrisa. Esa noche Mónica fue en un estado lamentable al club. Mientras hacía su número calló de cabeza contra la barra.

Murió.