Apelando a la (últimamente muy socorrida por los publicistas) Ley de Murphy, uno de mis dos mandos de Gamecube decidió suicidarse tecnológicamente justo dos días después de estrenar el Smash Bros. Brawl. Hay quien dirá que el juego es el principal culpable, y no seré yo el que se lo discuta.

El caso es que un mando de Gamecube roto es un problema. Podría pensarse que si sacas una consola que soporta un determinado mando (y con cuatro puertos para conectarlo ni más ni menos) lo suyo sería seguir vendiendo ese mando, ¿no?. Pues no.

Y es que, efectivamente, Nintendo dejó de distribuir esos mandos hace bastante tiempo. Ante la perspectiva de jugar al Brawl con el Wiimote en horizontal (escalofríos me entran de pensarlo), he acabado comprando su teórico sustituto: el mando clásico de Wii, la que ha sido quizá una de las peores compras que he hecho en mucho tiempo.


Este, vaya.

Es probable que sea porque tengo las manos grandes, pero el mando me ha dejado la impresión de que en Nintendo han olvidado todas las mejoras en ergonomía desde que diseñaran el mando de SNES allá por 1990. Y es que es incomprensible que a estas alturas, por mucho aire clásico que quieran darle, un mando no tenga agarraderas; acostumbrado a estas desde N64, jugar con un mando así es como si te sobrasen seis dedos, especialmente usando el joystick analógico.

Otros detalles, como tener el Wiimote colgando o la extraña disposición de los botones ZR y ZL, acaban por destrozar el producto. No niego que estéticamente sea precioso, pero ergonómicamente es un tiro en el pie. Eso en un Smash, y en el multijugador, acaba por ser frustrante, porque un servidor se ha burlado tantas veces de la excusa “es culpa del mando” que no tiene otra que guardar silencio y aguantar el chaparrón.

Así que después de maldecir numerosas veces a Nintendo por los 5 euros gastados (suerte de cupón de descuento), he buscado, encontrado y encargado un mando de Gamecube en Play-Asia. Cierto es que tampoco es un mando perfecto (y hablar de ello daría para otra entrada), pero para ciertos juegos es simplemente ideal e insustituible, y los Smash Bros están entre ellos.