Mi primer viaje con la Nikon D40 ha sido a la vez una maldición y una bendición. Maldición porque con mis todavía escasos conocimientos de fotografía manual seguramente haya desperdiciado, en parte, la gran cantidad de lugares maravillosos que tiene la localidad cántabra.

Y bendición porque aun con todas las carencias fotográficas del mundo, Comillas es tan bonito que es imposible no hacer al menos un par de fotos decentes. Además de ser un muy agradable oasis de frío en este ardiente verano.

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