Lightroom es ese programita de Adobe para trastocar los valores de fotografías, desde cosas medianamente conocidas como el contraste y el brillo hasta otras menos intuitivas como las curvas de nivel. Además te permite gestionar tu biblioteca de fotografías sin duplicarlas (¿quien dijo iPhoto?) y de una manera mucho más sencilla. El programa se arrastra en mi G4, pero ya es un fijo para mí en el tratado de mis fotografías.

Una de las mejores características del programa son los presets, un conjunto de valores trastocados de una fotografía que guardas para luego aplicar instantáneamente a otras. Por ejemplo, yo tengo un preset llamado “Manlyficador” que simplemente desatura un poco, aumenta las sombras y aplica un pequeño viñeteo. Como su nombre indica, le da un aire más “soy-adulto-y-no-me-gustan-los-colores” a las fotografías. No lo he usado mucho, pero en alguna que otra ha venido bien.

En mi búsqueda de algunos presets para investigar las posibilidades del programa (y usarlos, claro) encontré uno con un efecto genial: estética 300. Es decir, darle a tus fotografías un estilo sacado de la película de Zack Snyder. Sirva como ejemplo una de mis últimas fotografías por la llanura manchega:


This is Sparta y tal

¿Artificial? Desde luego, a imagen y semejanza de la película ;)