Me he enamorado del planteamiento de ¡Sí, señor oscuro!, un juego de cartas publicado en España por Edge Entertaiment y que lleva varios meses colándose entre los juegos de mesa más vendidos. Y digo del planteamiento porque ni siquiera he podido jugar, pero la sola idea ya me ha hecho sonreír pensando en las posibles partidas.

¡Sí, señor oscuro! tiene un pequeño componente de juego de rol, ya que los jugadores deben tomar el papel de dos personajes: un malvado señor oscuro por un lado, y su legión de estúpidos e incompetentes esclavos por otro. El planteamiento del juego es que el señor oscuro les pide a sus lacayos explicaciones por haber fallado en la última misión, sea esta la que sea, y los siervos deben excusarse utilizando como base las cartas de las que disponen.

El señor oscuro tiene total libertad a la hora de plantear la pregunta. Valgan estas como ejemplos:


Los goblins, temerosos de la ira del señor oscuro, tendrán que buscar unas buenas y convincentes excusas para librarse de su fulminante mirada. En estas disparatadas historias que nos eximan hay que introducir alguna de las cartas de excusa que tengamos como elemento en la historia.

Pero lo más sensato, como nos ha enseñado muchas veces Homer, es echarle la culpa a cualquiera de nuestros acompañantes. Así, como buen juego de mesa que se precie, podemos enmarronar de varias maneras a nuestros compañeros goblins. La más habitual es utilizar una carta de acción para que él continúe la historia, pero también es posible (y muy recomendable) interrumpirle en su relato para corregir, o añadir, nuevos detalles que entorpezcan su narración. Esos pequeños detalles para putear al resto que nunca están de más, vaya.

Cuando un goblin tartamudeé, muestre dudas, se pierda en el discurso o simplemente no sepa como continuar la historia, el señor oscuro le lanzará una de las tres miradas fulminantes. El primer goblin que reciba las tres miradas perderá y pasará a ser el señor oscuro en la siguiente ronda. Fácil, ¿no?

Como veis, el papel estrella del juego recae en el señor oscuro, que tiene potestad absoluta para repartir miradas a diestro y siniestro si le viene en gana, interrumpir a sus esclavos cuando quiera o pedir más explicaciones si no está conforme. Puede además tratar con absoluto desprecio a sus patéticos sirvientes y exigir para sí el trato preferente que se merece.

La clave del juego reside en lo imprevisible de las preguntas del señor oscuro, con lo que la imaginación y capacidad de improvisación son fundamentales para sobrevivir como goblin hasta la siguiente, y fallida de antemano, misión. Aunque es cierto que se pide una participación más directa a los jugadores que en otro juegos (una cerveza a tu lado no parece que vaya a estorbar), y que la experiencia puede variar demasiado dependiendo de con quien juegues, estoy deseando probarlo porque con la compañía adecuada puede dar lugar a momentos míticos.