Me imagino que hubiera pasado si la idea que da vida a este juego, el desarrollo de acertijos clásicos, hubiera sido fecundada en una compañía con base en, digamos, Montreuil-sous-Bois; mi limitada imaginación cree que hubiera sido un producto mediocre, sin carisma (ni interés por tenerla) y con más ganas de ganar dinero que de crear diversión. Seguramente vendría con un podómetro de regalo.

Por suerte esta idea surgió en Fukuoka, en un estudio que muy probablemente no tenga ni la mitad de presupuesto y recursos que aquel situado en Francia, pero que se encuentra a otro nivel de este en lo que a cuidado de sus productos se refiere.

Así, estos acertijos no se nos presentan en una vulgar lista sin incentivos, sino que se entrelazan con una historia de, como no, intriga, sobre un adinerado difunto y una enigmática herencia escondida en su no menos misterioso pueblo. En este pequeño estudio nipón, no contentos con lo anterior, contratan además a la gente de Production IG para el diseño artístico y las películas del juego.

La sencilla base de la que partían ha sido mimada y trabajada hasta el punto de confirmar, una vez más, que un buen diseño artístico pueden convertir un producto decente en algo muy notable. Pero no nos engañemos: todo el juego radica en resolver, mediante un uso muy inteligente de la pantalla táctil, acertijos. Si esto no te interesa, ni las excelentes películas del juego, ni la adictiva historia, ni el brillante diseño artístico conseguirán convencerte de lo contrario, por desgracia para ti. Si, por el contrario, te gustan los desafíos lógicos y las adivinanzas con trampa, disfrutarás tanto este juego como sus creadores disfrutaron creándolo.