La primera vez que vi a un zombie correr fue en el Resident Evil de Gamecube. Normalmente caminaban despacio, como si supieran que el ortopédico control de la saga les daba toda la ventaja del mundo, pero ahora se levantaban, exhaltados, y corrían hacia ti obedeciendo únicamente al jarabe de recortada (al de pistola eran más reacios). Zombies que corrían: el acabose.

La segunda vez, y más memorable para el público en general, fue en la película 28 días después. Tan irascibles e incansables como los había visto en el juego de Capcom, pero ahora a escala global. El miedo de las películas clásicas de ver como se acercaban lentas hordas de muertos vivientes se sustituye por la constante tensión de gritos y fuertes pisadas. Tal fue el éxito de los infectados que ahora parece que no se concibe otro modelo de muerto viviente: una secuela, la película Rec o la muy recomendable serie Dead Set (en la imagen) han seguido la estela de que un zombie debe correr para dar miedo.

Es un reflejo de la sociedad actual, donde todo debe ser más: hamburguesas más grandes, ordenadores más rápidos, edificios más altos, zombies más rapidos… parece que ahora se nos quedan cortos esos estúpidos no-muertos que apenas podían sostenerse en pie en las películas de Romero. Pero, ¿sabéis lo que os digo? Por mucho que me gustase todo lo mencionado antes (cosa fácil, recordemos), los zombies clásicos son mucho mejores (en negrita las cosas importantes, al estilo Marvel o Weblogs SL).

Por un lado, el concepto es el que es; nadie imagina un vampiro que camine baje la luz del sol o un hombre-lobo que dispare rayos por los ojos. Serían sin duda más temibles (especialmente ese licántropo-cíclope), pero destrozarían completamente su mito. Llamadme purista, quisquilloso o friki, pero hay ciertas reglas que no deben modificarse, por mucho que sean ficticias.

Por último, y más importante, un zombie es lento porque, simplemente, no necesita correr. No tienen prisa, ya estan muertos, y saben (y sabes) con certeza que al final os alcanzaran. Ya sea por ese compañero de supervivencia estúpido o por un desafortunado tropezón: no hay final feliz en un apocalipsis zombie, solo retrasar lo inevitable. La muerte no tiene prisa por alcanzarte, un zombie tampoco.

Además, Simon Pegg está de acuerdo conmigo; no tengo más que decir.