No puede Nintendo DS quejarse de la cantidad y variedad de juegos musicales en su catálogo, uno de los géneros que más y mejor ha evolucionado durante esta generación. Primero llegó un tal Ouendan, en el que la mezcla de animadores con bandanas, mucho J-Pop y un hilarante sentido del humor lo convirtieron en uno de los juegos estrella de la consola. Le seguirían una secuela y una versión occidentalizada en la que extirparon cualquier indicio de que Japón existe y transformaron a los simpáticos animadores japoneses en una especie de agentes de la CIA. Agente del ritmo los llamaron; a día de hoy, los responsables siguen en libertad.

La exitosa franquicia Guitar Hero también ha lucido palmito en la táctil de Nintendo, con accesorio incluido y la sensación de que pasará mucho tiempo antes de que Activision se canse de exprimir su gallina de los huevos oro: una secuela salió a los pocos meses, y han llegado varias amenazas a agencias de prensa internacionales donde se insinúa que le seguirán otros cuantos títulos. El último exponente de juego musical en Nintendo DS, y que todavía está por llegar a Europa, ha sido el Rhythm Tengoku Gold, también conocido como la última (genial) locura del equipo detrás de la saga WarioWare.

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