EA era como una mala persona: bebía hasta caer redondo, decía improperios, visitaba los burdeles sin pudor y devolvía las cintas sin rebobinar al videoclub1. A pesar de todos sus excesos, y como si el karma no fuera con ella, la vida le sonreía y llegó a convertirse en la mayor desarrolladora de videojuegos del mundo.

Pero algo le ocurrió a EA al principio de esta generación. Es como si de repente hubiera un Tio Ben en su vida que le enseñase que debía aprovechar su privilegiada posición en el mundo para llevar el amor y el bien al mundo.

Así, la compañía californiana empezó a ayudar a las viejecitas a cruzar la calle, a ir a misa los domingos y a beber unicamente vino con Casera (y solo en las comidas). De esta nueva EA salían lanzamientos más arriesgados y siempre con el afán de decir algo nuevo en la industria donde todo parece inventado (aunque no sea así).

Pero, ¡ay! el caprichoso karma parece que no quiere tener nada que ver con ella; ahora que EA reparte cariño, las malas ventas (o simplemente regulares) se han ido sucediendo en cada uno de sus arriesgados lanzamientos: Boom Blox, Dead Space, Mirror’s Edge

Uno, que ya ha visto a muchos encaminarse de vuelta a la senda del mal, temía que EA cayese en viejos vicios. Por suerte las convicciones de EA parecen fuertes; el último ejemplo se llama Henry Hatsworth, un juego para NintendoDS del que solo necesitas saber que Gary Gabler, la mitad del equipo de mi querido World Of Goo, está detrás de proyecto. El resto, vendrá solo.

Quizá las ventas no sean astronómicas, pero por lo menos están ganando todo el respeto que no tuvieron por parte de los jugadores. Esperemos que eso les sirva.

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1. Esta coña pierde algo de gancho con el tiempo :( []