Tingle es al universo Nintendo lo que Jar Jar Binks es al de Star Wars: un personaje terriblemente repudiado. ¿Su crimen? ser extravagantes en unos productos que sus fans se empeñan en tomárselos demasiado en serio.

Por llevar la contra, y porque me parece un soplo de aire fresco a los enclaustrados personajes de los RPG, Tingle me parece un personaje estupendo. ¿Como sino iba a ser capaz de protagonizar por sí solo un spin-off de Zelda y salir bien parado?

Si Tingle es extrafalario, es evidente que un juego protagonizado por él va a salirse de la norma. Y es que en Freshly-Picked Tingle’s Rosy Rupeeland nos vamos a despedir de muchos clichés de los RPG: no subiremos de nivel, no tendremos puntos de vida y ni siquiera pelearemos por una causa justa. ¡Que demonios!, ni siquiera pelearemos nosotros mismos: pagaremos a alguien para que lo haga, porque aquí absolutamente todo gira alrededor de las Rupias, la moneda ficticia de la serie Zelda. Se acabó esperar a que algún personaje secundario, con suerte, te dé algo después de salvarle el culo: ahora vamos a desplumarlos sin piedad.

Así, los NPC te pedirán dinero para cualquier cosa, y tu harás lo mismo cuando les ayudes a ellos. El juego incluye un sistema de regateo (en serio) por el que ofrecemos y pedimos Rupias según la situación. Es un sistema injusto, puesto que si pedimos de más a alguien no nos dará nada por ser demasiado avariciosos y, al contrario, si damos de menos a alguien se quedará con nuestro dinero pero no nos hará el favor. Es injusto, sí, pero potencia esa vena codiciosa imprescindible para salir victorioso de los muchos trapicheos que nos esperan en el juego. La diferencia con la saga Zelda es abismal; es decir, ¿pedirías dinero a un hombre por salvarle la vida a su esposa convaleciente? Link actuaría como un héroe y diría que no, pero Tingle pedirá, y no poco.

Al principio este sistema de pedir/solicitar dinero es un fastidio del que rara vez salimos beneficiados, pero conforme avanza la aventura le pillas el truco y acabas siendo la codicia en persona. Moralmente reprochable, sí, pero no siempre habrá que rescatar princesas, ¿no?

El humor del título es parte inquietante, parte desternillante. Las multiples referencias a la saga Zelda nos arrancarán más de una sonrisa (y más de una carcajada), y los diálogos y situaciones son tan absurdos y paródicos que es imposible no rendirte a la absurdez. ya sabñeis que soy muy amigo de hablar del mimo que le ponen los desarrolladores cuando crean un juego; eso que no puede medirse pero sí percibirse. Con Tingle, estas situaciones y el cuidado diseño gráfico hablan muy bien de Vanpool como desarrolladora de videojuegos.

A faltar dedicarle más horas, Tingle me ha parecido un juego terriblemente infravalorado y despreciado por parte de crítica y usuarios. Es divertido, gracioso y con un planteamiento tan fresco como entretenido. Nos hartamos de pedir originalidad, pero luego somos los principales culpables de que las estanterías estén llenas de cuartas de lo mismo de siempre.