En EDGE han escrito un par de artículos sobre la Nintendo de hace 13 años, cuando se encontraba en una posición privilegiada, Yamauchi dominaba con mano de hierro y en su imperio de fanboys nunca se ocultaba el sol. Cualquiera con un poco de edad recordará perfectamente los acontecimientos, pero nunca viene mal recordarlo y dejar caer alguna lagrimita de nostalgia en el camino.

En esa, su época más gloriosa, Nintendo inició una política a los Zidanes y Pavones para preparar el lanzamiento de la Nintendo 64. Esa política venía a decir que solo lo mejorcito de los estudios de fuera saldría en la consola y que del resto ya se encargaría Nintendo. Pensaron “¿quien quiere estanterías repletas de franquicias de mala calidad cuando pueden disfrutar Super Mario 64 hasta que salga un juego nuevo dentro de 3 meses?”.

Pero claro, si tenemos en cuenta que el “Dream Team” de estudios estaba formado por compañías como Acclaim, Midway, Virgin o Angel Studios, no era difícil pronosticar que practicamente Nintendo y Rare serían la únicas que sustentarían a la consola y a sus pacientes dueños.

Ironicamente, las consolas actuales de Nintendo son las que reciben más moralla. Es entrar en una tienda de videojuegos y hay que hacer una esfuerzo terrible para encontrar juegos que realmente merecen la pena. Es lo que hay: si dejas pasar a unos pocos te aseguras recibir calidad (o no, como ocurrió en la mayoría de las joyas del “Dream Team”), y si dejas pasar a todos montas el catálogo actual de la DS o la AppStore, por mostrar ejemplos gráficos.

En todo caso, y a pesar de la baja frecuencia en la salida de titulos y de la encorsetada variedad de su catálogo, lo cierto es que Nintendo 64 ha ido ganando un aura brillante con el paso de tiempo. Sus insuperables juegos multijugador —muchos de ellos con la frescura intacta a pesar de los años— y el irrepetible estado de forma de Nintendo y Rare de aquella época tienen la culpa. Un entierro de lujo para el cartucho en las consolas de sobremesa.

[via PhantomLeap]