Pensaba que nunca podría decir aquello de “a mi me salió el anillo rojo de la muerte, que cabrones, etc.”, pero mi consola ha decidido darme el placer de poder quejarme y/o maldecir en su nombre. Al encenderla de nuevo funcionaba sin problemas, pero supongo que ya es cuestión de tiempo.

Ocurrió en una intensa pelea con un Big Daddy: napalm, granadas de fragmentación, empujones, taladradoras, cartuchos electricos… en fin, una de esas peleas. Se ve que la consola no pudo soportar tanta epicidad.