Hay que reconocerle algo a Tiny Tower: engancha. Y mucho. Este simulador de construcción de apariencia amigable y con píxeles como puños es un auténtico devorador de productividad, tiempo y energía. El truco está en el tiempo real. Ay, sí, el jodido tiempo real. Oí hablar varias veces del juego en Twitter y lo descargué por curiosidad, sin saber muy bien qué tenía entre manos, pero cuando vi que todo transcurría en tiempo real todas las alarmas saltaron en mi cabeza. Era, por supuesto, demasiado tarde. Ya estaba enganchado.

Que se desarrolle en tiempo real significa que aunque tu no estés jugando el juego sigue simulando la partida. Es decir, incluso si apagas el iPod y lo metes en un cajón durante 3 años, cuando lo vuelvas a encender el juego te dirá los beneficios que has obtenido, las tiendas que están sin stock y lo mucho que te echaba de menos.

A modo de resumen rápido, en Tiny Tower debemos ir construyendo plantas en nuestro edificio, que pueden ser tiendas o apartamentos para personas. Estas personas serán los empleados de nuestras tiendas, que tienen stock de varios productos. Cuando abres una tienda, la gente llega y compra. Es decir, te dan dinero y agota tu producto. Con dinero creas nuevas plantas en tu edificio. Ad infinitum.

Pero que se desarrolle en tiempo real no significa que no necesite de tu liderazgo. Este es el gran triunfo del juego, el que conquistará tu productividad y machacará sin piedad tu tiempo libre. Tanto la construcción de las plantas como la reposición de stock ocurren en tiempo real, pero cuando terminan no pasa nada, tienes que estar tu ahí para activar las actualizaciones y que haga efecto. El colmo del vicio es que el juego hace uso de las notificaciones de iOS, con lo que aun leyendo tranquilamente tu correo o navegando por internet recibirás una alarma diciéndote que tu tienda de sombreros ya tiene por fin stock. Parece más una pesadilla que mero ocio lúdico, ¿verdad?

Además, el juego realmente no tiene ningún componente estratégico. No, en serio, no lo tiene. Puede que te sientas como Napoleón mientras repones las hamburguesas de soja en el restaurante vegano de tu edificio, pero lo cierto es que lo único que necesitas para ser bueno en este juego es tiempo (o dinero, pero ese es otro tema). Es el Tamagotchi de los juegos de estrategia. Diablos, hasta el Tamagotchi tenía más estrategia.

Pese a todo, consciente como soy de la mecánica del juego y de los trucos para mantenerte enganchado, aun estoy viendo cómo dejarlo. La borraría, pero llevo 12 plantas y las ventas van viento en popa.